Desde 1815 los arbitrios o
sobreportes fueron un fenómeno habitual y, por tanto, aplicados a la
correspondencia a la hora de tarificar el porte de su envío. El reglamento dado
el 6 de agosto de 1779 indicaba los problemas que originaban determinados sobreportes
aplicados en algunos pueblos a la hora de comprobar los portes correctos de las
cartas. A pesar de los diversos tarifarios aplicados en 1805, 1808 y 1815, los
sobreportes locales, destinados en su mayoría a sufragar el coste del servicio
de reparto, siguieron aplicándose en muchos lugares, siendo éste algo sencillo
de observar si se estudian los portes de las cartas circuladas durante esos
periodos.
Con independencia de la tarifa que se aplicó en cada momento desde el Reglamento de 4 de septiembre de 1815 y hasta el 1 de septiembre de 1845, en que se implanto la tarifa única para la Península y Baleares, nuevos arbitrios o sobreportes se aplicaron para obtener recursos económicos tales como los destinados a financiar gastos producidos en períodos de guerra o la construcción y mejora de los caminos en determinadas provincias, además de los habituales de sufragar el coste del reparto de la correspondencia y la mejora de la Renta del Correo para ofrecer un mejor servicio.





